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domingo, 4 de mayo de 2008

EL EXTRAÑO MUNDO DE TODD HAYNES (2)


He hablado en varias ocasiones sobre Dylan y I'm Not There, la película que Todd Haynes ha hecho sobre él. Harto de esperar su estreno, le pedí a mi Primo Rafa que me la bajara del emule. Dicho y hecho, ya puedo hablar de ella con causa.

Como os apuntaba entonces, en la película el director vuelve a crear una ficción mágica en torno al mundo de una gran estrella: Bowie en el caso de Velvet Golmine, Dylan en I´m Not There.

Se trata de una película difícil, de escenas inconexas, de saltos en el tiempo no justifcados e, incluso, en el género. Te sientes perdido en un universo bastante complejo. Por el argumento no me preguntéis. No es un biopic, es una ensoñación ambientada, sumergida en Dylan.

Seis actores recrean, de algún modo, características del genio, pero tampoco puedo explicarlo muy a fondo. Al poco de empezar la película decidí dejarme llevar y no obsesionarme demasiado en buscar a Dylan en medio de este caos. Cate Blanchet asume la tarea de la imitación del personaje público, calcando algunas famosas escenas de su vida. Por momentos parece que estás viendo No Direction Home.

Otra cosa curiosa es que la banda sonora está interpreteada, casi entera, por el original, pero la que se comercializó eran adaptaciones a cargo de otros artistas, como un homenaje aprovechando la aparición de la película. Más aún, la lista de temas también es muy diferente.

En fin, todo muy extraño, como es Haynes, pero una buena película, en definitiva. Un personaje tan poco convencional no puede ser llevado al cine de una manera convencional. I'm Not There es un testimonio acerca de un personaje que ha marcado la historia del Siglo XX y las cosas no tienen porqué ser siempre sencillas. Os aconsejo que entréis en el juego de Haynes, pero aceptando las reglas.

lunes, 14 de abril de 2008

SIMPATÍA POR LOS STONES


Hoy en día, ser fan de los Rolling Stones significa tener que estar constantemente defendiéndolos en tus conversaciones cotidianas. Defendiéndolos de ser ser unas momias, de ser una máquina de hacer dinero, de no hacer nada nuevo desde los 70, de que ya no son lo que fueron, de sus propias actitudes, ect.

Por ser fan de los Stones, no sé calibrar el papel exacto que juegan en la historia del Rock, cuál ha sido su aportación a la música, como técnica y como industria. Sus más de 45 años sobre el escenario han sido testigos de los 45 años más cambiantes de la historia de este mundo, con todo lo que ello conlleva. Todo lo que se pueda decir sobre ellos es poco y, habitualmente, obvio.

Shine a Light, el concierto filmado por Martin Scorsese es una buena muestra del hoy por hoy de la banda, como banda de Rock y como marca comercial. La película es un puzle de tres piezas: el concierto en sí, los preparativos de la grabación y cortes de video de diferentes etapas de la vida de los chicos.

El concierto muestra el tono en que la banda lleva tocando desde principios de los 90, formato recinto cerrado, con un repertorio especialmente preparado que trajo de cabeza a Jagger y, sobre todo, al tío Martin. No en vano, era el guión de la película. La sensación de ver un concierto de los Stones en cine es distinta. Donde Scorsese pone el ojo, pone el micro, con lo que se percibe mejor ese arte de tejer, como llaman Keith y Ronnie a su modo de tocar la guitarra juntos, entre otros pequeños detalles.

En los preparativos se muestra a los Stones como máquina empresarial, la magnitud de recursos y las dificultades que conlleva preparar algo con ellos, aunque seas Martin Scorsese que vengas a aportar tu grano de arena a la leyenda. Aquí los protas son el director y la mano izquierda con que torea a semejante vitorino.

En los cortes se pretende reflejar la dimensión histórica de la banda. En mi opinión, no aportan gran cosa y no me gusta que no tengan un guiño con Brian Jones ni Bill Wyman. Sin duda, junto con las colaboraciones de Jack White III y Christina Aguilera, lo más flojo de Shine a Light.

Sin dar sensación de ser una obra definitiva, como puedan serlo No Direction Home y The Last Waltz, es todo un homenaje a los Stones y un regalo a todos sus fans, ésos que tenemos un presuspuesto anual para cualquier chorrada que sus majestades decidan editar.

En fin, una experiencia poco habitual de la mano de Scorsese y los Stones. No sólo para fans.

jueves, 27 de marzo de 2008

EL TÍO MARTIN

Me gusta, en este blog, escribir artículos breves, pequeñas y modestas reflexiones y homenajes fáciles de leer para compartir mis entusiasmos con los que puedan leerme. El tema de hoy está muy documentado pero, a la espera de que el 4 de Abril se estrene Shine A Light, el majestuoso Rockumental de Martin Scorsese sobre los Rolling Stones, me apetece hablar de la importancia de la Música Rock en su cine. En su cine y en el de sus compañeros de generación, Francis Ford Coppola, Oliver Stone, Brian De Plama, y hasta George Lucas, que creó American Graffity, una película fundamental del Cine Rock, si se amite el género. Esta generación nacida en la apoteósis de la Cultura Rock no podía darle la espalda a lo que sus compañeros de clase estaban haciendo. En general, de ellos son la mayor parte de mis películas favoritas, que son casi todas de mafiosos.
Especialmente, quizás porque me gusta tanto Uno de los Nuestros como el Born to Run de Springsteen, en Martin Scorsese espero siempre ese tema que puede sonar en cualquier minuto de casi cualquiera de sus películas. Este carácter de Pinchadiscos le da un punto clave a sus películas, como también a las de Tarantino o las de algunos de los arriba mencionados.
No Direction Home me acercó a Dylan de la misma forma que The Last Waltz me acercó a The Band. La Ley de la Calle, Toro Salveje, Casino, Infiltrados, Taxi Driver, y otras muchas que comparten, de algún modo, ese espíritu rockero de su generación.
Cierto es que el nuevo Shine a Light no está contentando a todo el mundo. En En Estéreo, el fundamental y muy recomendable Blog de Dario Manrique, que ya la ha visto, se la califica directamente de obra menor. Está claro que no será como el documental de Dylan, es un concierto, y quizás tampoco un The Last Waltz, pero qué queréis que os diga, Scorsese por los ojos y los Stones por las orejas me sigue pareciendo un planazo.
Personaje simpático y carismático, mil veces homenajeado por sus compañeros de profesión, maltratado por la academia, Martín, tío, eres un mito, un artesano, un gourmet. Eres Dylan y Keith Richards. Simplemente, el Tío Martin.

miércoles, 19 de marzo de 2008

EL EXTRAÑO MUNDO DE TODD HAYNES

En enero ya os hablé de I'm not there en una entrada sobre la importancia de este año de 2008 para Dylan. Ya se preveía que iba a ser una película muy particular, con todos esos actores interpretando las diversas caras del genio. Aunque seguimos esperando la fecha de su estreno, lo que sí tenemos entre manos es su increíble banda sonora.
El otro día fui a buscarla a Candilejas (23€). A Alejandro, que trabaja allí, siempre aprovecho para darle un poco el coñazo, para hacerle un par de preguntas y, hablando, me recomendó Velvet Goldmine, otra Rock Movie del mismo director que creaba una ficción en torno a David Bowie y su amistad con Iggy Pop y Marc Bolan, durante los años de concepción y las giras de Ziggy Stardust. Soy un poco compulsivo cuando de Rock se trata, así que me urgió encontrarla.
El tipo en cuestión se llama Todd Haynes, un californiano de 47 años que, desde principios de los 90, es uno de los exponentes de Queer Cinema, con una estética muy personal pero con pocas películas en su haber.
Poco se sabe sobre el estreno en España de su último delirio, pero la BSO ya merece este artículo. Se trata de una aproximación a la obra de Dylan, en la interpretación de artistas contemporáneos. Están algunos de los temas más importantes de su carrera (aunque ha huído de obviedades como Blowin' in the Wind o Like a Rolling Stone) y algunos de los mejores intérpretes del momento, como el ínclito Jeff Tweedy, el abuelo Willie Nelson, Eddie Vedder, Cat Power, Sonic Youth, joder, son más de treinta... y una banda de acompañamiento para algunos de los temas, The Million Dollar Bashers, de entre los que destacaría al simpar Nels Cline, guitarrista de Wilco. Los temas abarcan, más o menos, toda la trayectoria del de Minnesota, aunque hay épocas más representadas que otras. El mejor Dylan sigue siendo el que va de 1965 a su accidente en 1967 (Bringing it all Back Home, Highway 61 Revisited y Blonde on Blonde aportan casi un tercio de los temas). Ya sólo falta ver cómo encajan todas estas piezas en la película.
Recomiendo esta BSO a los ya inicados en el mudo de Dylan, como curiosidad, como nuevo punto de vista. A los que quieran descubrirle, les recomiendaré siempre que vayan a la fuente original.

martes, 19 de febrero de 2008

SWEENEY TODD

Por primera vez, sin que sirva de precedente, Rock&Trip sale de su mundo Rock para hablar de otras cosas...
...de cine!

A estas alturas todos habréis visto trailers de la nueva película de Tim Burton. Aunque no es un musical Rock, no quería dejar de hablar de ella, una auténtica experiencia en imágenes. Su estética gótica y su humor negro, típicos de Burton, contrastan con la candidez de sus números musicales, dando como resultado una obra que destaca por el cinismo con el que se desarrolla.

La historia y el argumento, una venganza a lo Montecristo, no son nada del otro mundo, todo hay que decirlo, pero sí la gracia y el sentido estético con que están narrados.
El reparto está encabezado por Johnnie Deep, el atormentado barbero y héroe en esta historia, a pesar de todo, y Alan Rickman, ese especialista en antagonistas, ya sea frente a John McLaine, Robin Hood o Harry Potter. También está Helena Bonham Carter, que tiene contrato fijo con Burton. Y, perdonen el topicazo, otro personaje destacado es el sórdido Londres que refleja espectacularmente, con impresionantes planos aéreos y vuelos sobre los tejados que recuerdan al París de Baz Luhrmann en Moulin Rouge.

Hablando de Moulin Rouge, uno hubiera deseado que a la música de Stephen Sondheim (autor conocido por firmar el musical West Side Story) se le incrustasen retales de temas clásicos, pero quizás perdería el cinismo del que hablaba.

Cierro el artículo recomendando la peli a todos, incluso a los que no comulgan con el mundo de Burton, como entretenimiento y como ejercicio de estilo.
Ah, id al cine, nada de emule.